Olvídese de los aspectos tecnológicos. Hoy la regulación es el mayor problema para la diseminación de los vehículos autónomos. Por Valeska Peres Pinto

Todo lo que dijeron los folletos publicitarios acerca del congreso y la exposición CES 2019, que tuvieron lugar en la icónica Las Vegas, en los Estados Unidos, bajo los auspicios de CTA —ConsumerTechnologyAssociation—, se reveló totalmente cierto.

Valeska Peres Pinto

De hecho, el evento fue nuevamente el punto de encuentro global de todos los interesados en conocer el estado del arte de algunas de las más importantes tecnologías revolucionarias y comprender la etapa en que se encuentran las innovaciones de última generación introducidas en el mercado mundial.

Fueron más de 4.500 empresas expositoras, incluyendo fabricantes, desarrolladores y proveedores de hardware de tecnología para consumidores, contenidos y sistemas de distribución de tecnología. El programa de conferencias incluyó 250 sesiones. El encuentro atrajo a 180 mil participantes de 150 países. Los montos involucrados también impresionan, pues se trata de un mercado de USD 398 mil millones.

EL DILEMA DE LA INDUSTRIA DE AUTOS

Muchas de las principales plantas automotrices estaban allí, por lo que el tema central de los debates en los que participaban y desus presentaciones era el vehículo autónomo y sus variaciones. La primera pregunta planteada en el encuentro fue: ¿serán eléctricos todos los futuros vehículos autónomos?

Todavía no se tiene la respuesta. En realidad, hay quienes creen que el motor de combustión todavía tendrá una larga vida, lo que significa que será posible pensar en el vehículo autónomo con motor de combustión, movido a gasolina u otro tipo de combustible fósil o renovable. Según este razonamiento, tendríamos vehículos eléctricos y con motor de combustión compartiendo las calles, avenidas y carreteras del mundo.

Por otra parte, hay quienes creen que, al final, será muy difícil para la industria invertir en la convivencia de estos dos modelos energéticos, porque el vehículo eléctrico es mucho más sencillo de producir, lo que tiende a reducir considerablemente el costo de producción, aumentar los beneficios de la empresa y ampliar los dividendos de los accionistas (algo que sin duda les gustará). 

Elegir entre uno y otro camino no es exactamente un dilema para nosotros, consumidores, pero seguramente es un dilema para la industria, que, sin lugar a dudas, sabrá elegir y embarcar en una u otra línea.

HAY UN TEMA MÁS DIFÍCIL

A pesar del dilema energético, hay en el horizonte un problema que parece más difícil y complicado para todos los involucrados, haciendo incluso que algunos analistas y expertos consideren la posibilidad de que en la CES 2020 simplemente se deje de hablar de vehículos autónomos. El nombre de este problema es regulación.

Realmente hay muchos problemas para regular este segmento. Para que se tenga una idea, habrá que definir a quién corresponderá la responsabilidad en cuanto a incidencias como colisión entre vehículos y atropellamiento de peatones, entre otros que inevitablemente ocurrirán.

Hay también el tema de la adaptación de la regulación de las ciudades en cuanto a los ambientes urbanos por los que transitarán los vehículos autónomos. ¿Quién asumirá la tarea y los costos de proporcionar a los ambientes las condiciones adecuadas para el vehículo autónomo? ¿Serán los dueños de los vehículos? ¿Serán los proveedores de energía? ¿El Poder Público?

Se trata de un tema razonablemente complejo, debido a que involucra intereses de los fabricantes, los consumidores y los gobiernos, además de las aseguradoras, que necesitan claridad jurídica con respecto a todos los bienes cuyos riesgos pretenden asumir a un costo equilibrado.

El equipo de tecnología avanzó mucho y colecciona éxitos en el desarrollo de los atributos que configuran esta nueva maravilla tecnológica que son los vehículos autónomos. Sin embargo, ha encontrado que existe algo muy importante en la vida en sociedad: justamente la regulación, que requiere la prevalencia del sentido común, y que muchos actores aporten su contribución, renunciando a parte de sus intereses.

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