Acoso sexual en el transporte colectivo: un problema latinoamericano. Entrevista con Daniely Votto, del WRI (World Resources Institute)

MÁRCIA PINNA RASPANTI

En San Pablo, Brasil, el 25% de las mujeres ya sufrieron acoso sexual en el transporte; en la Ciudad de México, el 65% de ellas ya pasaron por este tipo de situación. El problema está presente en toda Latinoamérica. Daniely Votto, gerente de Gobernanza Urbana en el Programa de Ciudades del WRI (World Resources Institute) Brasil, una organización internacional de investigación que abarca 50 países, cree que la educación es el camino para combatir este tema de forma efectiva.

Daniely coordina proyectos subnacionales con enfoque en gobernanza, transparencia, género y participación de la sociedad civil y apoya al equipo de Ciudades del WRI en la implementación de proyectos, para que se centren más en las necesidades de las personas.

MOBILITAS – ¿El acoso sexual en el transporte colectivo es un problema común en Latinoamérica?

DANIELY VOTTO – Sí, es un problema crónico y común en América Latina. Es difícil de medir porque las mujeres tienen miedo y vergüenza de denunciar los casos. Un estudio reciente mostró que el 25% de las mujeres que usan el transporte en la ciudad de San Pablo ya sufrieron acoso. En la Ciudad de México, el 65% de las mujeres ya se vio acosada en el transporte. Transportes demasiado llenos, falta de vigilancia y de cámaras influyen en estos números.

MOBILITAS – ¿Cuáles son las iniciativas principales para combatir estos hechos?

DANIELY VOTTO – ¡La educación es el punto de partida! Hacer campañas en las ciudades, organizar grupos de ayuda, instalar más cámaras, tener más policías y personal de seguridad del sexo femenino, establecer lugares especiales para recibir las denuncias, disponer de políticas más duras para represión. Que el estado y los administradores estén presentes para evitar y cohibir estos actos, que están relacionados con la sensación de poder y dominación.

MOBILITAS – ¿Medidas como el “vagón rosa” (vagón de tren destinado exclusivamente a mujeres) o aplicaciones del tipo “botón de pánico” piensa que son efectivas?

DANIELY VOTTO – Son medidas paliativas. No son las ideales ni son la solución. Pero, en un momento de epidemia como el que vivimos, son movimientos que pueden pasar una sensación de seguridad mayor. Es un punto de partida, no obstante, sin armar un plan consistente para cohibir el acoso, estas medidas no producirán efectos a largo plazo.

MOBILITAS – En Brasil, ¿se toma en serio el combate al acoso?

DANIELY VOTTO – Lamentablemente, no. En Brasil, la política contra cualquier tipo de acoso sexual todavía se ve como una debilidad. La mayoría de nuestros legisladores son hombres, entonces desconocen el miedo. Sólo en casos puntuales y emblemáticos contamos con algún apoyo. Pero lo interesante es percibir que las mujeres se están uniendo y van perdiendo la vergüenza y el miedo.

El acoso es culpa del agresor, nunca de la víctima. En países de Europa, tenemos una educación más dirigida a cohibir esta violencia. El diseño urbano se establece de una forma de privilegiar a las personas. Esto ayuda mucho en este tema.

MOBILITAS – ¿Cómo actúa WRI en este tema?

DANIELY VOTTO – WRI suele divulgar datos de investigaciones y de iniciativas en este tema y también promueve debates y coaliciones que trabajan en el tema del género en los transportes.

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